Pero los consumidores que respondieron a este anuncio fraudulento perdieron no sólo el dinero que invirtieron, sino también horas de su tiempo ensamblando el producto para una compañía en Florida que nunca aceptó los broches y además se quedó con el dinero.
Esta empresa fue una de siete en varios estados que fueron acusadas por la Comisión Federal de Comercio (FTC, por su sigla en inglés) de estafar a personas con promesas falsas de ingresos o garantías de trabajo.
La recesión ha dado “una nueva vida” a este tipo de estafas, señaló Rosario Méndez, portavoz de la FTC. “Los estafadores están bastante activos”, advirtió.